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Pico de plata

Publicado el 17 de marzo de 2024

Un ave del verano retense, una oda a los ángeles. Crónicas del mar, décimo segunda entrega. Historias basadas en hechos reales, no ficción hecha en Reta.

Desde el verano pasado hay un Pico de plata en mi casa, en mi terreno. Es el mismo este verano. Lo ví asomándose a cada ventana, a cada ambiente por donde yo iba pasando, repitiendo las escenas en 2023 y en 2024. Es el dueño -junto con Morgan, claro, tenencia compartida- de este segmento de la cuadra.

Se posa en el poste de la luz, pasa al cable de al lado, baja al pilar, va por el alambrado de los vecinos, se para en la soga, hace equilibrio sobre la ropa que está secándose al sol y, de pronto, vuela a la ventana de la habitación. Lo sigo desde adentro. Noto que mira -o intenta mirar- a través del vidrio. Pega un saltito como queriendo entrar, aletea, se impulsa: ¡pum! Se golpea contra el vidrio. Testarudo, meta intentar. Inmutable, no se rinde. Sigue curioseando hacia el interior de la casa.

Me acerco, sigilosa, lo miro. Y tiene esos ojos negros, pequeñitos, rodeados de ese amarillo plateado, que le da un halo de misterio. Me ve. Estoy segura que me está mirando y, si me equivoco, igual #elijocreer.

Ahora descubrió que está la bici apoyada a la pared, debajo de la ventana. Entonces usa el manubrio: se para en él como para medir la distancia y calcular desde un poco más lejos su próximo intento.

Espero, pero él también espera. Vuelvo a la cocina y empiezo a preparar la comida. Y ahí está, otra vez aparece en la ventana que da a la calle. Se posa en el tamarisco, me mira. Va a la parrilla, me mira. Vuela, vuelve. Siempre está en los alrededores de mi posada.

Alguien me dijo que es un psicópata, que espía, que está estudiando mis movimientos y mira con esa mirada penetrante infundiendo miedo mientras trama en secreto. Yo me reí. Le contesté que es mi ángel de la guarda -o uno de los tantos del ejército que me acompaña, pienso ahora en silencio-. Y sonreí, para que no se olvide nunca que un ave en casa y libre -especialmente si es en Reta- siempre es signo de buenas noticias.

Texto y foto: Daniela J. Barrera - Pueblo Reta ©

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